La mayoría de las implementaciones que salen mal no fallan por el software. Fallan porque nadie preguntó lo que había que preguntar antes de firmar, y el problema aparece en el primer cierre de mes, cuando ya es tarde para volver atrás.
La primera pregunta es quién carga los datos históricos. Un sistema de liquidación necesita los acumulados del año, las licencias en curso, los embargos y los convenios de cada empleado. Si esa migración queda del lado del cliente y nadie lo dijo, la puesta en marcha se corre tres meses.
La segunda es qué pasa cuando cambia un convenio. Los acuerdos salariales aparecen con retroactivos, conceptos no remunerativos con fecha de vencimiento y escalas que se aplican por antigüedad. Conviene pedir que muestren cómo se carga un acuerdo real, no una escala de ejemplo.
La tercera es cómo se sale. Un sistema del que no se pueden exportar los datos en un formato legible es una decisión que dura para siempre. Preguntar por la exportación antes de entrar es lo que la vuelve una decisión reversible.
La cuarta es quién atiende cuando algo falla el día 3 del mes. No el horario de soporte que figura en el contrato: quién atiende, con qué tiempo de respuesta, y si esa persona entiende de liquidación o solo de sistemas.
La quinta es la menos técnica y la que más pesa: si el proveedor entiende el negocio o solo el producto. Un sistema de RRHH toca sueldos, convenios y datos personales de gente real. Quien lo implementa tiene que saber qué pasa si algo de eso sale mal.
Implementamos sistemas de RRHH desde 2004 para más de 60 organizaciones en 5 países. Si estás evaluando un cambio y querés una opinión sin compromiso, escribinos y lo charlamos.
